Laurent Ferrier es un hombre discreto, un relojero excepcional que pasó casi 40 años de su vida en la Manufactura Patek Philippe. Descubra cómo, a tres años de la jubilación, este hombre amante de los retos creó su propia marca. Cómo la pasión y la amistad guiaron a este hombre… Retrato.
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- Buenos días, Laurent Ferrier, ¿cómo está?
- Nosotros también estamos encantados de encontrarle aquí. Señor Ferrier, ¿puede contarnos la historia de su marca?
- Así que fue algo bienvenido desde el punto de vista comercial, pero que al mismo tiempo les motivó de verdad a seguir adelante y consolidar la marca, ¿no?
- Señor Ferrier, ¿qué lleva hoy en la muñeca?
- ¿Cuál es, para usted, su mayor logro relojero?
- ¿Tiene alguna complicación relojera predilecta o favorita?
- ¿Entonces prima la función?
- ¿Tiene otras pasiones en la vida además de la relojería?
- ¿Hay algún coche que le haya marcado en la vida? ¿Cuál es el coche de sus sueños?
- Señor Ferrier, ¿cómo definiría el lujo?
- ¿Hay hoy alguna marca, relojera o de otro tipo, que encarne el lujo para usted?
- ¿No sería una noción un tanto variable?
- Señor Ferrier, ¿hay algún personaje histórico o contemporáneo que le haya inspirado en la vida? ¿Y que pueda seguir inspirándole hoy?
- Señor Ferrier, a menudo se dice que en el trato con los demás es usted alguien muy abierto y muy comprensivo con las personas. ¿Qué cualidades aprecia en los demás?
- Señor Ferrier, pregunta esencial: ¿qué hora es?
Buenos días, Laurent Ferrier, ¿cómo está?
Pues mire, ¡muy bien! Estamos encantados de estar en el SIHH por tercer año, y más siendo relativamente jóvenes en el oficio, ya que nuestra primera pieza salió en 2010. Estamos muy orgullosos de haber sido admitidos hace tres años en el círculo selecto de los relojeros y nos alegra mucho seguir aquí este año.

Nosotros también estamos encantados de encontrarle aquí. Señor Ferrier, ¿puede contarnos la historia de su marca?
Pues la historia es curiosa… Yo soy relojero de formación: mi padre era relojero, mis abuelos eran relojeros y mis bisabuelos también. Éramos realmente toda una familia de relojeros y, nada más terminar la escuela de relojería, entré en Patek Philippe. Trabajé allí 37 años, así que hice prácticamente toda mi carrera en la casa. Mi segunda pasión eran las carreras de coches. En 1979 tuvimos la ocasión de terminar terceros en las 24 Horas de Le Mans, y le regalé un Patek Philippe Nautilus a mi compañero de equipo, un industrial francés y amigo mío.

Y cuando nos veíamos, siempre me decía: «Laurent, todo el mundo me dice que Patek Philippe es la marca más bonita del mundo, pero que es dificilísimo conseguir uno. Un día haremos relojes, montaremos una marca nosotros mismos…». Nos lo decíamos como cuando uno se va de vacaciones a Córcega y piensa que algún día abrirá un chiringuito en la playa. No era una esperanza real, lo habíamos dejado completamente aparcado en la cabeza… y hace unos años, François Servanin, que hoy es el principal accionista de la empresa, vino a verme y me dijo: «Mira, Laurent, es el último momento: ¿hacemos este reloj o no lo hacemos?». Yo estaba a tres años de la jubilación, así que parecía un poco una locura. Pero tengo un hijo que era constructor de movimientos en Roger Dubuis, así que pensé que era el momento adecuado. Y como François Servanin no era ni un verdadero aficionado a la relojería ni un coleccionista, me dijo: «¡Haz exactamente lo que quieras!». Es algo a lo que un relojero, por regla general, no se puede resistir, y así tuvimos la ocasión de hacer el primer tourbillon, que era una pieza preciosa.

¡Una pieza que, además, fue premiada!
El primer año (la pieza salió en 2010) fuimos a la feria de Basilea, donde ya tuvimos algunos contactos muy interesantes. Después organizamos una cena de coleccionistas en Estados Unidos y uno de ellos nos preguntó si nos habíamos inscrito en el Gran Premio de Relojería (el GPHG, N. de la R.). Pero no nos habíamos inscrito, porque la pieza me parecía demasiado clásica como para tener alguna posibilidad de ganar. Uno de esos coleccionistas formaba parte del jurado y nos dijo que la pieza tenía algo realmente interesante y que la gente esperaba precisamente piezas de esa categoría, atemporales y clásicas. ¡Así que nos inscribimos! De hecho fue él quien nos inscribió, porque era el último momento. Y ganamos el gran premio el primer año, lo que supuso una baza importante frente a los clientes potenciales. Nos dio una credibilidad muy valiosa.

Así que fue algo bienvenido desde el punto de vista comercial, pero que al mismo tiempo les motivó de verdad a seguir adelante y consolidar la marca, ¿no?
Exacto. Cuando lanzamos la marca tampoco teníamos un plan de negocio a cinco años que dijera que había que hacer un cronógrafo dentro de tres años o una repetición dentro de ocho… Era realmente: «hacemos una pieza y vemos si despierta interés ». Y si no lo despertaba, pues cada uno volvería tranquilamente a su casa… Pero como hubo interés, fue todo muy agradable y la acogida fue estupenda, pudimos seguir evolucionando con calma.

Señor Ferrier, ¿qué lleva hoy en la muñeca?
Llevo el primerísimo tourbillon, el prototipo número 1, que sigue funcionando muy, muy bien. Es una pieza que me gusta mucho, muy bonita, en acero. La llevo todo el tiempo, la pongo a prueba en mi jardín y todo va bien. ¡Eso sí, no corto leña con ella!

¿Cuál es, para usted, su mayor logro relojero?
¡Creo que el que haremos dentro de dos años! Hay algo que me da mucha satisfacción: cada modelo que hemos hecho me gusta. Cuando hicimos el movimiento con microrrotor, el segundo que desarrollamos, pasó lo mismo. Había que hacer un modelo algo más accesible que el tourbillon, y creamos un movimiento con escape natural de Breguet, un escape muy particular y difícil de poner a punto, pero la idea de base era excelente. Y hoy ese movimiento también funciona muy bien. Seguimos en la misma línea. En fin, creo que es como en Ferrari: cada nuevo Ferrari es más bonito que el anterior, pero cuando miras el antiguo también te parece precioso.

Por cierto, su respuesta es la misma que daba Enzo Ferrari cuando le preguntaban cuál era su Ferrari favorito: el siguiente.
Es verdad que, cuando uno tiene ganas de construir algo, siempre pasa. Seguro que los arquitectos también piensan que la próxima villa que construyan será la más bonita que hayan hecho nunca.

¿Tiene alguna complicación relojera predilecta o favorita?
La idea no es hacer complicaciones demasiado grandes. Evidentemente admiro las grandes complicaciones. El problema es que cuantas más complicaciones se añaden, más difícil resulta que la pieza funcione bien. Por lo general, las grandes complicaciones acaban en una caja fuerte. No funcionan todo el tiempo. Incluso un calendario perpetuo, incluso con fase lunar: si tiene amigos que tengan uno, tres de cada cuatro veces que mire la luna, no estará en hora porque no han tenido tiempo de ajustarla. Así que la idea es hacer piezas agradables, legibles, cómodas de llevar. Y la idea de nuestro tourbillon era que la pieza fuera algo más precisa que las demás. No el placer de la complicación por sí misma.

¿Entonces prima la función?
Prima la función, eso es.
¿Tiene otras pasiones en la vida además de la relojería?
¡Diría que a mi edad ya son muchas pasiones! La relojería me ocupa mucho tiempo. No soy un gran viajero, lo digo con toda sinceridad…, por desgracia no soy un gran viajero… De momento me conformo con la relojería, y sigo siendo un apasionado del automóvil.

¿Hay algún coche que le haya marcado en la vida? ¿Cuál es el coche de sus sueños?
El coche que sin duda me marcó es el Porsche 911. Creo que hace 40 años el primero que tuve fue un Porsche 912. Era el modelo más pequeño de toda la familia 911, en cuanto a la línea. Después tuve uno o dos 911. Son coches fantásticos, que funcionan de maravilla, con un sonido tremendo… es realmente un deportivo absolutamente genial.

Señor Ferrier, ¿cómo definiría el lujo?
El lujo podría ser la belleza discreta. Es difícil definir el lujo. Puede haber algo que no tenga necesariamente un valor desorbitado pero que, en mi opinión, sea un objeto absolutamente lujoso.
¿Hay hoy alguna marca, relojera o de otro tipo, que encarne el lujo para usted?
Grandes marcas como Hermès o Vuitton son claramente marcas de lujo. Son capaces de hacerle un llavero de lujo y un reloj de lujo. Ahora bien, ¿es eso exactamente el lujo? Quizá no. El lujo también puede ser hacer lo que a uno le apetece y poder permitírselo sin ser inmensamente rico.

¿No sería una noción un tanto variable?
Sin duda. El lujo también podría ser estar en la montaña y comer un buen queso con un pan estupendo y una copa de vino tinto. Eso también puede formar parte del lujo.
Señor Ferrier, ¿hay algún personaje histórico o contemporáneo que le haya inspirado en la vida? ¿Y que pueda seguir inspirándole hoy?
¿Si mi padre me inspiró? Sin duda, porque tenía su taller en el mismo edificio. Vivíamos en el cuarto piso y él tenía el taller en el primero. Así que seguramente me inspiró de forma inconsciente. Para ser sincero, no le desmontaba los relojes que tenía en el taller; más bien tendía a hacer maquetas de cochecitos de plástico antes que desmontar los relojes de mi padre. Pero seguro que me inspiró, al menos, a apreciar este tipo de cosas.
Señor Ferrier, a menudo se dice que en el trato con los demás es usted alguien muy abierto y muy comprensivo con las personas. ¿Qué cualidades aprecia en los demás?
La cualidad es compartir con honestidad. Creo que es fundamental. Si habla con honestidad con cualquier persona, siempre resulta muy agradable. Luego es cierto que hay gente apasionante, interesante y agradable. Hay gente fantástica y otra que lo es un poco menos, pero eso es normal, forma parte de la vida.

Señor Ferrier, pregunta esencial: ¿qué hora es?
Ja, ja… ¡Las 12:05!
Gracias, señor Ferrier.
Gracias a usted.



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