
Grégory Pons es el periodista cuyas ocurrencias y análisis espera con impaciencia el sector relojero al final de cada salón. Francés emigrado a Suiza para acercarse al corazón de su tema predilecto, Grégory colaboró con numerosas cabeceras especializadas antes de ganar su libertad fundando su propia «Médiafacture» (su manufactura de información relojera): Business Montres. A la vez Canard enchaîné y Charlie Hebdo de la relojería, siempre a la vanguardia de la primicia, la pluma de Business Montres se distingue de los «medios loro», como a Grégory le gusta llamarlos, por su tono y su libertad de expresión. Esa libertad inalienable y esa independencia que tanto aprecia son fruto de un modelo económico único en el sector: Business Montres solo se financia con sus suscripciones y no publica ningún anuncio. Es una singularidad que Passion Horlogère apoya y fomenta. Por eso organizamos una campaña de suscripciones a finales del año pasado, y no dejaremos de repetirla pronto si Grégory nos lo sigue permitiendo. Pero antes, para nosotros lo importante es dar la palabra y una tribuna libre a este brillante periodista, amigo de Passion Horlogère, capaz de mostrarse unas veces entrañable y otras irritante. ¡Una inteligencia que nunca deja indiferente!
En esta página
- Es un gran placer, Grégory, poder entrevistarte. Para empezar, me gustaría saber cuál es tu análisis en caliente del SIHH.
- ¿Ha habido algún flechazo? ¿Por algún producto o quizá por otra cosa?
- ¿Cómo llegaste a la relojería? ¿Cómo empezaste a escribir sobre relojería?
- ¿Eres un apasionado de los relojes y de la relojería?
- ¿Qué reloj llevas hoy?
- ¿Cuál es para ti el mayor éxito relojero?
- Precisamente, te toca a ti interpretarlo. ¿Me vas a hablar de un producto? ¿De una marca? ¿De otra cosa? El mayor éxito relojero, ¿qué te sugiere?
- ¿Te gustan las complicaciones relojeras? Y si es así, ¿cuál es tu favorita?
- ¿Tienes otras pasiones además de la relojería?
- Hablabas de lectura. ¿Cuál es tu autor favorito?
- El mundo de la relojería ha vivido varias épocas, varias transformaciones. Recordarás que antes de los años 2000 se pasó de un producto de consumo corriente a un producto que se quiso de lujo. Dime, ¿cuál sería para ti la definición del lujo?
- ¿Existe para ti una marca relojera, o de otro ámbito, que encarne mejor el lujo?
- ¿Te inspira algún personaje histórico o contemporáneo?
- En Business Montres, ¿trabajas solo o en colaboración?
- ¿Qué cualidades valoras en los demás?
- ¿Hay alguna cita que aprecies especialmente?
- Grégory, última pregunta, que es esencial. En la hora de Business Montres, ¿qué hora es?

Hola, Grégory Pons, gracias por dedicarnos un poco de tu tiempo.
Hola, podemos tutearnos, somos colegas… (Risas).
Es un gran placer, Grégory, poder entrevistarte. Para empezar, me gustaría saber cuál es tu análisis en caliente del SIHH.
Sí, todavía no ha cerrado. Cierra dentro de una hora, así que no ha terminado del todo (entrevista realizada el 19 de enero de 2018 en Ginebra, N. de la R.). Pero en conjunto es un buen SIHH, con productos bonitos y un esfuerzo de todas las marcas por hacer bien su trabajo, cuidar los detalles, intentar bajar los precios… Ahora bien, ¿han acompañado las ventas? Eso lo sabremos dentro de unas semanas. Sobre todo porque los pedidos hechos en el SIHH no siempre se traducen en ventas reales. Los minoristas, con la euforia y el champán, piden diez relojes y tres semanas después se dan cuenta de que con dos bastan. Así que esperemos, ahora no se puede hacer un balance definitivo, aunque creo que en general es más bien una buena cosecha. No una cosecha excepcional, pero tampoco una cosecha vergonzosa. Así que, más bien bien.

¿Ha habido algún flechazo? ¿Por algún producto o quizá por otra cosa?
No he tenido un gran flechazo. No he visto el reloj absoluto, ese que te dan ganas de comprar o que te deja pegado a la silla, que te deslumbra por sus cualidades. Pero sí he tenido muchos pequeños flechazos. Creo que todo el mundo ha trabajado bien, pero cuando miras el movimiento Baumatic de Baume & Mercier, piensas: «¡Ahí está, lo han entendido todo del nuevo lujo!». Es un movimiento estupendo, porque mecánicamente es muy potente, muy innovador y barato de producir, lo que permite hacer relojes asequibles. Y eso está bien, porque va a acercar a la Alta Relojería a un montón de jóvenes que no pueden gastarse 2.500 pavos, que ya es mucho dinero, en un reloj. ¡Así es! El Carré de Hermès, en cambio, es más caro. Cuesta 6.000 francos, pero es un reloj bonito y logrado. El cronógrafo Laureato de Girard Perregaux está muy bien. Es algo caro, pero está muy bien. En niveles estratosféricos, tenemos los relojes de Roger Dubuis como el Excalibur Aventador S, que no es exactamente mi estilo, pero reconozco que han trabajado bien. Es simpático, pero cuesta 200.000 francos, así que no es para mí ni para un francés medio.

Grégory, debería haber empezado por aquí… Te lo pregunto de todos modos, porque eres una personalidad conocida y reconocida del mundo de la relojería, todo el mundo te conoce en el salón. En cambio, el gran público no te conoce necesariamente. ¿Podrías presentarte en pocas palabras? Contarnos tu trayectoria y lo que tú llamas tu Médiafacture.
Soy periodista de profesión desde hace bastante tiempo, demasiado, porque la edad empieza a pesar, pero siempre he sido periodista. He hecho todo tipo de periodismo, todo tipo de trabajos de escritura, tanto en radio como en prensa escrita, e incluso en televisión. Fundé Business Montres en 2004 para tener un medio totalmente independiente, porque rechazo sistemáticamente cualquier publicidad para poder hablar libremente de lo que quiero, cuando quiero y con quien quiero. Al principio era un boletín en papel, impreso de forma muy clásica, y hoy es una web a la que solo se accede por suscripción y donde hay de todo. Algunos dicen que es un auténtico caos; yo creo que tiene cierto rigor. Los lectores se orientan más o menos, hablamos de relojes caros y de relojes baratos. Hablamos de grandes marcas y de pequeñas marcas. Me encantan las marcas nuevas, así que doy mucho espacio a los jóvenes relojeros creadores. Incluso favorezco a las marcas nuevas, que a menudo hacen relojes de pena, pero que son simpáticas. En Kickstarter, en las plataformas de micromecenazgo… Hablo de subastas, hablo de la actualidad del reloj en sentido amplio. Todo lo que hace «tictac» me interesa, sin ningún prejuicio sobre el prestigio de las marcas ni sobre ninguna otra cosa. Y diría también que, curiosamente, mi medio tiene un espíritu algo particular. Tiene ilustraciones muy peculiares, porque no doy ninguna prioridad a las fotos de relojes. No soy muy de gran público. Soy más bien corporativo y me encanta reinterpretar viñetas, desviar los cómics americanos. Es una identidad particular: o te gusta o no te gusta. Si te gusta, te suscribes, y si no te gusta, no te suscribes. ¡Así de sencillo!

¿Cómo llegaste a la relojería? ¿Cómo empezaste a escribir sobre relojería?
Pues ahí hay un gran sinvergüenza que se llama Stephan Ciejka, redactor jefe de la Revue des Montres, que es un auténtico camello. Sabía que yo tenía una pequeña pasión por los relojes militares. Me vendió un montón y, a fuerza de hablar de relojes a sus amigos de las redacciones, un día me pidieron un artículo sobre relojes. Así que escribí un artículo que gustó a algunas personas. Luego me pidieron un segundo, luego un tercero, y en cuatro o cinco años estaba totalmente absorbido. Llegó un momento en que me dije: o sigo y lo hago en serio, ¡o lo dejo! Porque consume demasiado tiempo, entre los viajes, el descubrimiento de las marcas, las entrevistas con los directivos, las manufacturas… Así que decidí meterme de lleno y fui aún más lejos, porque al cabo de unos años decidí venirme a Suiza. Sencillamente vivir aquí para estar en el corazón del reactor nuclear, en Ginebra, a una hora en tren del centro neurálgico, a una hora en tren de La Chaux-de-Fonds. Cuando vives en París, como yo antes, venir a Ginebra es complicado. Hay que pedir citas… Ahora, desde Ginebra, puedo llamar a cualquiera de La Chaux-de-Fonds, avisarle de que paso a tomar un café dentro de una hora y plantarme en su casa. Es mucho más fácil.

¿Eres un apasionado de los relojes y de la relojería?
¡Soy coleccionista por naturaleza! ¿Apasionado de la relojería…? Me gusta el reloj como producto. Creo que me gustan más los relojeros que los relojes, y me gusta la relojería en sentido amplio más que los relojeros. Es decir, siempre me preocupo… Todo el mundo me pregunta por mis valores. Mis valores son estos: desde hace cuatro siglos, en la relojería pasa algo. Aquí, allí, aquí mismo, entre los lagos y las montañas. Y es algo infinitamente valioso que hay que preservar a toda costa. Me interesan las marcas, pero a menudo me parece que las direcciones de las marcas las deshacen más de lo que las construyen.

¿Qué reloj llevas hoy?
Hoy llevo un Girard Perregaux Laureato. Un reloj de acero que me parece muy bonito, muy interesante y que me satisface por completo. Pero dentro de ocho días llevaré otro. Tengo la suerte de no estar obsesionado con poseer relojes. Me gusta llevarlos, me gusta que me los presten y me gusta cambiar. Y aquí en Ginebra es más fácil que te presten relojes que en París. También colecciono relojes vintage y relojes militares.

¿Cuál es para ti el mayor éxito relojero?
¿Qué quieres decir?
Precisamente, te toca a ti interpretarlo. ¿Me vas a hablar de un producto? ¿De una marca? ¿De otra cosa? El mayor éxito relojero, ¿qué te sugiere?
Si es así, espontáneamente diría que Rolex. Me gusta mucho la marca Rolex. Y me parece que la trayectoria de Rolex en el siglo XX es algo asombroso. Ese hombrecillo, Hans Wilsdorf, que en 1908, cuando el mundo está invadido de relojes de bolsillo, decide hacer relojes de pulsera. Que consigue hacerlos más precisos, más herméticos, más funcionales y más deportivos que todos los demás. Que construye una reputación fantástica gracias a la comunicación. ¡Solo se puede sentir admiración por alguien así! Y que, además, logra un éxito industrial. Sale a conquistar el mundo antes que nadie. Rolex ha estado en el mundo entero. Es un éxito magnífico y no es casualidad que hoy Rolex sea la marca de relojes más conocida junto con Swatch.

¿Te gustan las complicaciones relojeras? Y si es así, ¿cuál es tu favorita?
Tengo sentimientos encontrados. Me gustan los relojes complicados, pero si se trata de hacer el triple tourbillon con cuádruple repetición de minutos y quíntuple rattrapante, la verdad es que ya no me impresiona. No es que esté mal, menos mal que de vez en cuando aparece alguno, pero no tengo una afinidad especial con ese tipo de complicaciones. Creo que un reloj sobrio, sin complicaciones, puede ser tan bonito como una pieza muy complicada. Pero es cierto que soy sensible, aunque tengo relativamente pocas en mi colección, a la fase lunar. Me parece mágica. No sirve para nada, apenas se mueve, pero en general me gustan los relojes lúdicos. Con los que uno puede divertirse, lanzar una animación. En fin, cosas así… Pero hay relativamente pocos en el mercado.

¿Tienes otras pasiones además de la relojería?
Bueno, (risas) ¡no tengo tiempo! Soy un gran lector… Sí tengo una pasión, pero como empiezo a tener cierta edad… ¡Es el vino! Tengo una bodega bastante buena que reuní en una época en la que tenía bastante dinero. Rara vez bebo vinos de menos de veinte años. Y soy un loco del Burdeos, así que… Y la gran pasión, que por suerte comparto con mi mujer, es el Sauternes. Le pusimos a nuestro hijo el nombre de un château de Sauternes. Es una pasión que nunca me ha decepcionado. Es un poco como el reloj: cada año trae sus novedades, nunca es lo mismo, pero se le parece, y se disfruta con un auténtico placer físico.

Hablabas de lectura. ¿Cuál es tu autor favorito?
¡Ah! El mío es Balzac. A los 13 años leí las primeras obras de Balzac que cayeron en mis manos y desde entonces leo y releo. Colecciono las obras completas de Balzac, algo totalmente absurdo porque son cuatro, cinco, seis veces los mismos libros, pero… impresiona (sonrisa).

El mundo de la relojería ha vivido varias épocas, varias transformaciones. Recordarás que antes de los años 2000 se pasó de un producto de consumo corriente a un producto que se quiso de lujo. Dime, ¿cuál sería para ti la definición del lujo?
¡No estoy de acuerdo! El lujo siempre ha existido. Y si nos remontamos más allá de la relojería, en la historia de la humanidad, cada cultura ha generado su propio lujo. Las primeras joyas encontradas datan de hace 130.000 años. Conchas pintadas, conchas que venían de 500 km de distancia y que eran objetos de arte. Eso era lujo. Era puro adorno, no servía para comer ni para luchar… Así que siempre ha existido una forma de lujo. Desde hace unos cuatro siglos, los relojes son uno de los símbolos más brillantes y más representativos de ese lujo. Mi definición del lujo es… Es muy compleja y puedo decir mejor lo que no es: no es una cuestión de precio, ni de material, no es necesariamente oro o diamantes. Es una cuestión, diría yo, de inteligencia del objeto. Dicho así, no digo nada. Pero esa inteligencia del objeto es una alquimia sutil que se crea entre la función (tiene que haber cierta función), la inutilidad (estamos un poco en lo superfluo), la rareza y la exclusividad. Es bastante difícil de definir y debo decir, después de haber estudiado bastante la cuestión, que nunca he encontrado una definición en los libros académicos o universitarios. Nunca he encontrado una definición que se sostenga y, con mayor razón, una definición del lujo relojero. Hay algunos expertos en lujo que no siempre me convencen, pero cuando esos expertos hablan de relojería, se equivocan sistemáticamente. Y además lo saben.

¿Existe para ti una marca relojera, o de otro ámbito, que encarne mejor el lujo?
En la medida en que no creo mucho en la noción de lujo, no. Pero diría que todos los relojes… ¡Swatch es una marca de lujo! Para mí es un reloj de lujo, porque no necesitamos ese reloj. En cambio, hay un diseño, hay un material, hay una distribución… Aunque sea un producto que cuesta 50 pavos, ¡no lo necesitamos! ¡Hay relojes chinos que cuestan 10 francos! Creo que todas las marcas pertenecen al lujo y, como consumidor, tengo varias exigencias de lujo en un mismo día.
Mi lujo pueden ser mis zapatos. Tengo 130 o 140 pares de zapatos, aunque solo llevo habitualmente 10 o 20. ¡Pero es lujo! Podría tener un solo par de zapatillas. Pero cada vez hay una punta, una piel, una excusa, una pequeña historia… Volviendo a la pregunta anterior, con esa respuesta que se te ocurre tarde, creo cada vez más que un producto de lujo debe contarnos una historia. Da igual que esa historia sea verdadera o falsa, pero cuenta una historia.

¿Te inspira algún personaje histórico o contemporáneo?
Siento mucha admiración por distintos personajes históricos, pero sobre todo por el general De Gaulle. Ese tipo que sale de la nada y que, en Londres, en plena derrota, dice: «¡Yo soy Francia!». Debo decir que para mí es un símbolo de resistencia al conformismo que nunca ha sido reemplazado. Por lo demás, hay muchos, pero espontáneamente, cuando me preguntas esto, en mi despacho, quienes ven mis vídeos pueden ver que hay una foto del general De Gaulle cuando parte hacia Londres, de la época de Londres. Está de uniforme, con gafas, con quepis… No, con prismáticos, perdón, y en esa foto veo al hombre que resiste contra viento y marea. Tenía un 1 % de posibilidades de triunfar y rehízo Francia.

En Business Montres, ¿trabajas solo o en colaboración?
¡Es el gran secreto! Hay quien piensa que no es posible. ¡Que no puedo escribir todo eso yo solo! Pues sí, estoy solo con mis bracitos y después del SIHH voy a pasar horas revisando los dosieres. ¡Así es, estoy solo! No es que no busque colaboradores, es que se trata de mí, de mi voz, de mi criterio. A veces puedo publicar una tribuna libre de Stephan Ciejka, o una tribuna libre de la encantadora Florence Jacquinot. Como lo sientan, los amigos, o tú mismo, tenéis la tribuna abierta. Mientras os respete y sepa que escribís más o menos bien, no tengo ningún problema. O nuestro amigo de Forumamontres, ¡a mí no me molesta! Dices cosas inteligentes, quieres decirlas en mi casa, ¡ven a decirlas! Pero, en principio, soy yo, es mi punto de vista.

¿Qué cualidades valoras en los demás?
Yo valoro mucho la franqueza. Odio que me tomen por tonto. Pero creo que eso es muy humano. Y odio que un presidente de marca me diga: «esto es blanco» cuando veo que es negro. Pienso que se está burlando de mí y que me toma por lo que no soy. En cambio, si me dijera: «esto es blanco, pero no lo repitas porque me incomoda por tal razón», lo entiendo. Si tuviera que contar todo lo que me cuentan, escribiría diez veces más. Por suerte me guardo muchas cosas, porque no soy tonto y no digo cosas que puedan resultar incómodas. Por eso muchos presidentes confían en mí. Porque saben que, al contarme cosas, me ayudan a reflexionar, me ayudan a ser inteligente. Siempre hay que dar las gracias a quienes te ayudan a ser inteligente. Luego hay quienes hacen pasar mensajes a través de mí. Y bueno, hay quienes no me soportan. Qué le vamos a hacer, no pasa nada, puedo vivir sin ellos.

¿Hay alguna cita que aprecies especialmente?
Me sentiría tentado de decir: «Bien faire et laisser braire» (haz bien las cosas y deja que rebuznen). Es intraducible al inglés. Lo intenté una vez con Peter Speake-Marin, pero no hubo manera. Uno es quien es, hace lo que puede, y a los que no estén contentos… ¡Los chacales aúllan y la caravana pasa!
Grégory, última pregunta, que es esencial. En la hora de Business Montres, ¿qué hora es?
¿Qué quieres decir?
Libre interpretación.
Ahora mismo, debo decir, al final del SIHH, es la hora de ponerse con los dosieres, de revisar las 300 fichas de relojes que he seleccionado y de hacer criba. De intentar ver claro: qué estaba bien, qué no estaba bien, cuáles eran las tendencias, los aciertos del año, los fiascos del año… ¡Es la hora de trabajar!
Muchas gracias.
Hasta pronto.



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