Con el Startimer Pilot Chronograph Automatic IFR, Alpina y Watch Angels firman una propuesta poco habitual en el universo actual de los relojes de piloto: una pieza que no se limita a tomar prestados los códigos estéticos de la aviación, sino que busca recuperar la vocación original del instrumento de pulsera. Presentado como una primicia mundial, este reloj introduce una función relojera totalmente mecánica que permite visualizar las trayectorias de entrada en un circuito de espera IFR, durante una fase clave de la aproximación en vuelo instrumental.
En esta entrevista
- El IFR, continuidad del legado aeronáutico de Alpina
- Un reloj pensado para un procedimiento real
- El encuentro entre Alpina y Watch Angels
- Startimer: la culminación de una legitimidad recuperada
- De un procedimiento aeronáutico a una función mecánica
- Por qué la aproximación y el circuito de espera
- El mayor reto: precisión, legibilidad o pedagogía
- La redundancia en la cabina
- Hacer el instrumento accesible a los aficionados
- Un nuevo camino para el reloj de piloto mecánico

Esta creación, limitada a 300 ejemplares, se basa en una idea potente: permitir al piloto introducir dos datos, su rumbo inicial y el rumbo de acercamiento, para obtener al instante el tipo de entrada que debe efectuar, los rumbos a seguir y el sentido del circuito, a izquierda o a derecha. Combina así el bisel bidireccional, el rehaut, el cronógrafo y la indicación UTC en un planteamiento concebido como un auténtico instrumento de vuelo mecánico.

Para entender mejor el origen de esta pieza singular, Passion Horlogère ha entrevistado a Oliver Van Lanschot Hubrecht, Brand Director de Alpina, y a Guido Benedini, CEO de Watch Angels. El primero repasa la legitimidad histórica de Alpina en el mundo de la aviación y la evolución de la colección Startimer. El segundo explica cómo Watch Angels ha transformado un procedimiento aeronáutico complejo en una función mecánica legible y utilizable en la muñeca.
A lo largo de esta entrevista a dos voces se habla de legado, de utilidad, de legibilidad, de redundancia, pero también del futuro posible del reloj de piloto mecánico. Porque detrás de este Startimer Pilot Chronograph Automatic IFR se perfila una pregunta apasionante: ¿puede el reloj de aviación volver a ser algo más que un símbolo estético? ¿Puede, a su manera, recuperar su lugar entre los instrumentos útiles para el piloto?
¡Vamos allá!

Passion Horlogère – Alpina mantiene una larga historia con la aviación. ¿Por qué este Startimer Pilot Chronograph Automatic IFR supone una continuidad natural y no una ruptura?
Oliver – Alpina es uno de los pioneros de la relojería aeronáutica. Nuestra historia con la aviación se remonta a las primeras décadas del siglo XX, con nuestros primeros cronógrafos de piloto en los años 1920 y 1930. Desde entonces, la precisión, la legibilidad, la robustez y la fiabilidad han seguido siendo el centro de nuestro enfoque.

En los últimos años hemos hecho evolucionar sobre todo los códigos estéticos de nuestros relojes de piloto, sin cambios importantes en el plano funcional. Con el Startimer Pilot Chronograph Automatic IFR volvemos a lo que siempre ha sido la fortaleza de Alpina: diseñar verdaderos instrumentos pensados para responder a las necesidades de los pilotos.
La diferencia es que hoy damos un paso más. Por primera vez trasladamos a la muñeca, de forma totalmente mecánica, un procedimiento esencial del vuelo instrumental, en concreto de la fase de aproximación. El reloj ya no se limita a inspirarse en el universo aeronáutico: se convierte en una verdadera herramienta funcional para el piloto.
Eso es precisamente lo que hace de esta pieza una continuidad natural de nuestra historia, al tiempo que supone una evolución importante para la colección Startimer.
Passion Horlogère – Hablamos de un reloj de piloto que ya no solo se inspira en la aviación, sino que está pensado para responder a un procedimiento real. ¿Era esa la ambición desde el inicio del proyecto?
Guido – Sí, esa era exactamente nuestra ambición desde el principio. No queríamos crear un reloj que se limitara a retomar los códigos estéticos de la aviación, sino un verdadero instrumento capaz de responder a una necesidad concreta del piloto.

Hoy, muchos relojes de piloto evocan la aviación a través de su diseño, su legibilidad o su historia. Queríamos ir más allá y plantearnos una pregunta muy sencilla: ¿qué función mecánica puede seguir siendo realmente útil para un piloto hoy en día?
Esa pregunta guió todo el desarrollo. Partimos del procedimiento y de la necesidad operativa antes de pensar en cómo la relojería mecánica podía darle respuesta.
La complicación no nació, por tanto, del deseo de crear una proeza técnica por sí misma. Nació de una voluntad de utilidad. Y eso es precisamente lo que hace especial a este reloj: por primera vez, la relojería mecánica se convierte en una verdadera herramienta de apoyo al piloto en una fase concreta de su vuelo.
Passion Horlogère – ¿Cómo surgió el encuentro entre Alpina y Watch Angels en torno a esta idea tan específica de la entrada en un circuito de espera IFR?
Guido – Watch Angels es a la vez un laboratorio relojero y una comunidad de coleccionistas, con la misión de crear relojes con sentido, en particular mediante colaboraciones con marcas consolidadas. En ese contexto empezamos a hablar con Alpina, una marca con una verdadera historia en los relojes de piloto que quería crear algo especial, más allá de una nueva interpretación estética de ese legado.

Hablamos entonces con pilotos para saber si, en la aviación moderna, seguían existiendo procedimientos a los que un reloj mecánico pudiera aportar algo. Fue en esas conversaciones cuando nos llamaron la atención sobre los procedimientos IFR y, en particular, sobre la entrada en un circuito de espera.
Estudiamos ese procedimiento y nos dimos cuenta de que su lógica, la relación entre unos rumbos, una posición y tres tipos de entrada posibles, podía mecanizarse. Ahí nació realmente la idea del reloj.
A partir de ese principio, en Watch Angels desarrollamos el concepto funcional, el diseño y la R&D del reloj y de sus funciones, en colaboración con Alpina, para dar vida a una pieza plenamente coherente con el universo de la colección Alpina Startimer Pilot.
Passion Horlogère – Alpina relanzó Startimer en 2003 para reconectar con su legado aeronáutico. ¿Es esta complicación IFR la expresión más lograda de esa legitimidad recuperada?
Oliver – Desde el relanzamiento de la colección Startimer en 2003 hemos trabajado en dos dimensiones complementarias: hacer revivir el legado aeronáutico de Alpina mediante reinterpretaciones de piezas históricas y, al mismo tiempo, hacer evolucionar la colección con un enfoque más contemporáneo.

El Startimer Pilot Chronograph Automatic IFR se inscribe plenamente en esa continuidad, pero también abre un nuevo capítulo. Por primera vez aportamos a ese legado una innovación técnica inspirada directamente en un procedimiento real de la aviación moderna.
Pero más allá de la complicación, para nosotros era esencial que este reloj siguiera siendo ante todo un bonito Alpina. Debe reconocerse de inmediato como un Startimer Pilot, con una auténtica coherencia estética y una fuerte personalidad en la muñeca.
En definitiva, es esa combinación la que marca su fuerza: celebra la historia aeronáutica de Alpina y demuestra a la vez que ese legado puede seguir siendo hoy una fuente de innovación.
Passion Horlogère – Watch Angels reivindica un enfoque de laboratorio relojero. ¿Cómo se transforma un procedimiento aeronáutico complejo en una función mecánica legible en un reloj?
Guido – Ahí es justamente donde el proyecto se vuelve especialmente interesante. Un procedimiento aeronáutico está concebido para ser riguroso, no para convertirse en una complicación relojera. Hay que empezar por comprender su lógica y después reducirla a sus elementos esenciales.

En nuestro caso, descompusimos el procedimiento en unos pocos datos fundamentales: el rumbo de llegada, el rumbo del circuito y la relación entre ambos. A partir de esos datos, el reloj permite identificar el tipo de entrada, directa, paralela o en lágrima, e indicar los rumbos correspondientes.
El reto consistía después en traducir esa lógica mecánicamente de la forma más sencilla y elegante posible. Lo conseguimos sin modificar el movimiento: toda la función IFR se realiza mediante la interacción de componentes mecánicos integrados en la construcción de la caja. La inteligencia de esta complicación está, por tanto, alrededor del movimiento y no en su interior.

La elección del movimiento también respondía a las necesidades del piloto. Queríamos un cronógrafo, útil para medir tiempos y para ciertos cálculos en vuelo, así como una función UTC, esencial en la gestión del tiempo en aviación. La idea era concebir el reloj en su conjunto como un verdadero instrumento de piloto, y no simplemente añadirle una función IFR.
Para mí, eso resume bastante bien nuestra filosofía: partir del uso, encontrar la solución mecánica más inteligente y hacer que toda esa complejidad resulte sencilla para quien lleva el reloj.
Passion Horlogère – ¿Por qué eligieron esta fase tan particular del vuelo IFR, la aproximación y el circuito de espera, en lugar de otra función relacionada con la aviación?
Guido – Porque reunía varios elementos muy interesantes. Es un procedimiento real, que se sigue enseñando a los pilotos, y que exige comprender rápidamente la propia posición respecto al circuito y determinar la entrada correcta. Tiene a la vez una dimensión geométrica, una lógica de decisión y una noción de rumbo. Era casi de forma natural «mecánico».

También nos gustaba mucho que el piloto pudiera hacer su razonamiento mentalmente y después utilizar el reloj para visualizarlo o confirmarlo. El reloj no pretende sustituir a los instrumentos de a bordo. Materializa un procedimiento aeronáutico en un objeto mecánico.
Passion Horlogère – El reloj permite identificar una entrada directa, paralela o en lágrima, con los rumbos correspondientes. ¿Cuál fue el mayor reto: la precisión mecánica, la legibilidad o la pedagogía de uso?
Guido – La precisión mecánica era, por supuesto, imprescindible, pero los dos grandes desafíos fueron la legibilidad y la sencillez de uso. En un entorno aeronáutico, una función solo tiene sentido si puede utilizarse de forma rápida, sencilla y sin ambigüedad.

Por eso trabajamos mucho en reducir la interacción al mínimo imprescindible. El piloto solo tiene que introducir dos parámetros: su rumbo y el rumbo de acercamiento (inbound) del circuito de espera. A partir de esos dos datos, el reloj le proporciona lo necesario: el tipo de entrada, directa, paralela o en lágrima, así como los rumbos correspondientes para ejecutar el procedimiento.
Ese era, en definitiva, nuestro objetivo: dos datos de entrada y una lectura inmediata del procedimiento como resultado. Toda la complejidad mecánica y geométrica debía desaparecer detrás de un gesto sencillo y rápido.
Passion Horlogère – El discurso oficial de Alpina (a través del comunicado de prensa) insiste en que el reloj no sustituye a los sistemas embarcados, sino que aporta una forma de redundancia. En aviación, este concepto es esencial. ¿Cómo lo han integrado en el discurso del producto?
Oliver – Por su mecánica y sus funciones, el reloj es una herramienta en la que el piloto puede confiar en todo momento. Quiere ser un verdadero compañero de vuelo, que complementa los instrumentos de a bordo en lugar de sustituirlos.

Esta idea de redundancia cobra todo su sentido en determinadas situaciones, como los procedimientos de entrada en circuitos de espera, que pueden resultar especialmente estresantes para un piloto. El reloj permite entonces hacer el cálculo mentalmente y obtener después una confirmación inmediata y mecánica gracias a sus indicaciones. Es esa combinación de fiabilidad, sencillez e independencia la que refuerza su papel de herramienta de respaldo y de compañero de confianza en la cabina.
Passion Horlogère – Este Startimer IFR se dirige a pilotos profesionales, pero también a coleccionistas y aficionados a la aviación. ¿Cómo evitar que un instrumento tan técnico resulte demasiado intimidante para el gran público?
Oliver – La estética del Startimer IFR, unida a su desarrollo técnico, lo hace atractivo de forma natural más allá del círculo de los pilotos profesionales. Como ocurre con muchas complicaciones relojeras, su utilidad en el día a día puede ser relativamente limitada, pero eso también forma parte de su interés: cuentan una historia, expresan un saber hacer y aportan al reloj una dimensión estética y exclusiva.

Nuestro objetivo es, por tanto, hacer esta tecnología accesible y comprensible, sin por ello simplificarla. Hemos desarrollado distintos materiales didácticos para explicar su funcionamiento y que cualquiera pueda apreciar su riqueza, aunque no sea piloto. Al final, no hace falta dominar toda la tecnología para dejarse seducir por el reloj: se puede apreciar primero por su estética, su carácter exclusivo y su vínculo con el mundo de la aviación.
Passion Horlogère – ¿Abre esta primicia mundial un nuevo camino para los relojes de piloto mecánicos? ¿Cabe imaginar en el futuro otras funciones realmente operativas, nacidas de las necesidades de los pilotos?
Guido – Creo que sí, y probablemente es el aspecto del proyecto que más me apasiona.
Durante mucho tiempo, la relojería de piloto innovó porque los pilotos tenían necesidades reales a las que un reloj podía responder. Después, los instrumentos de a bordo y la electrónica tomaron evidentemente el relevo, y el reloj de piloto se fue convirtiendo poco a poco en un objeto de legado.

La pregunta que hoy nos interesa es otra: ¿existen todavía, en la aviación moderna, procedimientos, cálculos o informaciones que la mecánica pueda interpretar de forma pertinente y útil? Y si es así, ¿puede un reloj mecánico seguir siendo no solo un objeto bello, sino también un instrumento de respaldo pertinente y una función de seguridad adicional para el piloto?
Con el IFR demostramos que ese camino existe. Desarrollamos esta complicación no porque tuviera un precedente en la historia de la relojería, sino porque un procedimiento aeronáutico nos dio una verdadera razón para inventarla.
Quizá ahí resida una nueva razón de ser para el reloj de piloto mecánico: no pretender sustituir la tecnología embarcada, sino complementarla con un instrumento mecánico autónomo, siempre disponible en la muñeca. Y si en el futuro identificamos otras necesidades a las que la mecánica pueda dar una respuesta pertinente, estoy convencido de que seguiremos explorando ese camino.

Esta entrevista permite comprender mejor la ambición real que impulsan Alpina y Watch Angels. El Startimer Pilot Chronograph Automatic IFR no es solo una novedad espectacular por su principio o por su condición de primicia mundial. Ilustra sobre todo la voluntad de devolver el sentido al reloj de piloto mecánico, reconectándolo con una necesidad concreta de la aviación moderna.
A través de las respuestas de Oliver Van Lanschot Hubrecht se entiende que Alpina no considera esta pieza una ruptura con su historia, sino una continuidad natural de su legado aeronáutico. Una continuidad que hoy adopta una forma nueva: la de un reloj capaz de trasladar a la muñeca un procedimiento esencial del vuelo instrumental.
Con Guido Benedini, el proyecto revela otra dimensión: la de una relojería mecánica que no busca competir con los sistemas embarcados, sino ofrecer una lectura autónoma, inmediata y complementaria. El reloj no sustituye nada. Materializa un procedimiento, acompaña el razonamiento del piloto y aporta esa forma de redundancia tan valiosa en el mundo aeronáutico.
Quizá ahí resida el verdadero interés de este Startimer IFR. No mira solo al glorioso pasado de los relojes de piloto. Abre una vía para el futuro: la de instrumentos mecánicos autónomos, concebidos no para sustituir la tecnología embarcada, sino para complementarla de forma inteligente. Un camino que Watch Angels y Alpina parecen muy decididos a explorar.



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